Una docena de razones por las que los niños deberían estudiar música

Puede parecer que el momento idóneo de plantearse las actividades extraescolares de los más pequeños sea poco antes del inicio de curso pero, aunque las comienzan a mediados de Septiembre, es por estas fechas que nos encontramos cuando suelen abrirse los períodos de matriculación para muchas de ellas.

520 doce razones para estudiar musica

Entre las actividades más clásicas destaca, además de los deportes, la música. Generaciones de niños han pasado por escuelas de música y conservatorios para ocupar sus tardes aprendiendo a tocar un instrumento. Se trata de una actividad que compagina su vertiente más lúdica con unos estudios paralelos a la tarea escolar, que generalmente se añaden a los deberes ordinarios, por lo que requiere de grandes dosis de motivación (de los niños que deben aplicarse a ello y de los padres y madres que han de apoyarles). Esta carga extra puede provocar reticencia y rechazo tanto de unos como de otros.

Pero las ventajas de emprender estudios musicales son muchas más que los inconvenientes. Aquí os dejamos una docena para aquellos que estéis indecisos o simplemente no os lo habiais planteado:

1. Desarrollo de la psicomotricidad

Para tocar un instrumento lo primero es conseguir que suene ya sea soplando, frotando un arco, pulsando una tecla o rasgando una cuerda. Una vez conseguido esto, el siguiente paso es dar “forma” al sonido y tocar notas concretas accionando los mecanismos necesarios. Todo ello mientras se lee la partitura. Un ejercicio de psicomotricidad de lo más completo.

2. Competencias en idiomas

Esa partitura de la que acabamos de hablar contiene instrucciones precisas sobre el ritmo, la altura, la duración, la velocidad, el carácter y la técnica precisa para tocar las notas; expresadas solamente con lineas, puntos, y algún que otro símbolo. Es como aprender a leer otro alfabeto, de la misma manera que si aprendemos ruso, griego o mandarín. Pero vamos más allá: la música tiene frases, sintagmas (semifrases) y palabras (motivos) que dan sentido al discurso musical, un auténtico sistema sintáctico que da coherencia a la música. Mientras aprenden música mejorarán su aprendizaje en conceptos propios de las lenguas y las competencias necesarias para aprehenderlas.

3. Pensamiento lógico

Especialmente en los primeros cursos -en los que se asimilan e interiorizan los conceptos básicos de la música-, las matemáticas y la lógica son fundamentales para comprender e interpretar el ritmo. Por eso, estudiar música desarrolla el razonamiento lógico-matemático y estructura los mapas mentales.

4. Pensamiento múltiple

Además de la psicomotricidad que mencionábamos para tocar el instrumento, hay que tener en cuenta que las notas deben sonar con la duración, afinación, intensidad, ritmo e intención que se nos pide en la partitura. O que nos pide el director. O nuestro compañero de atril. O todos a la vez.

5. Sensibilidad artística

Por encima de cualquier requerimiento técnico la música es un arte. Siendo así, tocar un instrumento desarrolla la creatividad a través de la experimentación, canaliza la exteriorización de los sentimientos y fomenta el desarrollo del criterio artístico.

6. Capacidad de autoescucha y reflexión

Es evidente que para dominar un instrumento hay que escuchar lo que se está tocando, analizarlo y corregir lo que sea necesario. Con el tiempo, el hábito de escucharse a uno mismo va más allá del instrumento y con ello el análisis y la reflexión de lo que nos decimos a nosotros mismos.

7. Empatía y habilidades sociales

Además de escucharse a sí mismo, para poder tocar en grupo es imprescindible escuchar a los demás, por lo que se desarrolla la empatía. Si el grupo es grande, como una banda o una orquesta, también se desarrollan las habilidades sociales necesarias para relacionarse con los demás miembros.

8. Educación en valores

Tocar con solvencia un instrumento no es fácil ni rápido. Requiere trabajo constante, esfuerzo y perseverancia; unos valores que la inmediatez de nuestro acelerado mundo parecen haber olvidado. Al mismo tiempo, tocando en público deberán superar sus miedos.

9. Autoestima

Los pequeños avances que día a día experimentará serán una fuente de satisfacción que gratificarán todo el esfuerzo invertido. A medio plazo el control sobre el instrumento será mayor, con lo que también crecerá la motivación y el perfeccionismo; al cabo de los años podrá mirar atrás y ver que ha merecido la pena y todo ha sido posible gracias a sí mismo.

10. Serán más responsables y cuidadosos

A excepción de los instrumentos más grandes (piano, órgano, clave, arpa, percusión, contrabajo…), cada estudiante utiliza su propio instrumento, tanto en el estudio personal como en clase. Los instrumentos musicales son delicados y por tanto requieren cierto cuidado en su manipulación y mantenimiento; en otras palabras: un instrumento necesita que seamos responsables y cuidadosos con él.

11. La casa será más alegre

Vale, un estudiante repitiendo hasta la saciedad la misma pieza (que encima suena desafinada) puede llegar a cansar, pero hay que reconocer que siempre da alegría a la casa (o al bloque de pisos, o a la calle entera…).

12. Queda muy bien en las celebraciones familiares

La escena de los más pequeños amenizando la velada con sus instrumentos es un clásico. Ellos contentos de demostrar lo que son capaces de hacer y los mayores babeando de verlo. Entrañable.

En definitiva, estudiar música es un ejercicio de los más completo, que ayuda a los más pequeños a desarrollar sus capacidades intelectuales, sociales y personales mientras se divierten. ¿Qué más se puede pedir?

Fotografía destacada cortesía de Eddie Welker, con licencia Creative Commons.

Post de: unadocenade

    Charla en la UPNA sobre el blog de aula y la PDI

    Esta tarde doy una charla en la UPNA para alumnos de último curso de magisterio. Voy a hablar sobre cómo trabajo con las TIC en clase de música, además de hacerles ver un poco cómo es el trabajo de un maestro de música normal y corriente en la Real Life ™.

    Dejo aquí la breve presentación que voy a utilizar para la introducción, por si Murphy quiere hacer de las suyas y Microsoft Powerpoint no quiere reconocer la que llevaré en el pendrive.

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    Charla upna from Álvaro Castillo

      Imagenes de compositores

      Hace la friolera de ocho cursos, durante mi primer año de docencia, en el colegio de Abárzuza, hice unas cuántas láminas con los retratos o fotografías (en la mejor calidad que encontré por aquél entonces) de los compositores más importantes que conocía para imprimirlas y colgarlas en las paredes de clase. Con el tiempo me di cuenta de que hubiera sido una muy buena idea poner debajo de cada nombre las fechas de nacimiento y muerte del compositor. Ahora solo tengo el archivo en PDF y el original creado en Word no aparece por ningún lado. Aún así, seguro que a alguien le viene bien, así que aquí lo comparto.

      .:: Descargar retratos de compositores famosos ::.

        La Hª de la Música dibujada en 7 minutos

        Acabo de encontrar este vídeo en time-lapse que presenta un resumen dibujado de la Historia de la Música. En la descripción del vídeo en YouTube se indica que es la “Vida del arte musical desde los inicios de la Humanidad hasta nuestra era, pasando por la música antigua, la clásica, el jazz, el blues, el rock, el metal o la electrónica”.

        El guionista y dibujante es Pablo Morales de los Ríos. Todo un talento…

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          Una siesta de doce años

          Educar debe de ser una cosa parecida a espabilar a los niños y frenar a los adolescentes. Justo lo contrario de lo que hacemos: no es extraño ver niños de cuatro años con cochecito y chupete hablando por el móvil, ni tampoco lo es ver algunos de catorce sin hora de volver a casa. Lo hemos llamado sobreprotección, pero es la desprotección más absoluta: el niño llega al insti sin haber ido a comprar una triste barra de pan, justo cuando un amigo ya se ha pasado a la coca. Sorprende que haya tanta literatura médica y psicopedagógica para afrontar el embarazo, el parto y el primer año de vida, y que exista un vacío que llega hasta los libros de socorro para padres de adolescentes, esos que lucen títulos tan sugerentes como Mi hijo me pega o Mi hijo se droga. Los niños de entre dos y doce años no tienen quien les escriba.

          Desde que abandonan el pañal (¡ya era hora!) hasta que llegan las compresas (y que duren), desde que los desenganchas del chupete hasta que te hueles que se han enganchado al tabaco, los padres hacemos una cosa fantástica: descansamos. Reponemos fuerzas del estrés de haberlos parido y enseñado a andar y nos desentendemos hasta que toca irlos a buscar de madrugada a la disco. Ahora que al fin volvemos a poder dormir, y hasta que el miedo al accidente de moto nos vuelva a desvelar, hacemos una siesta educativa de diez o doce años.

          Alguien se estremecerá pensando que este período es precisamente el momento clave para educarlos. Tranquilo, que por algo los llevamos a la escuela. Y si llegan inmaduros a primero de ESO que nadie sufra, allá los esperan los colegas de bachillerato que nos los sobreespabilarán en un curso y medio, máximo dos. Al modelo de padres que sobreprotege a los pequeños y abandona los adolescentes nadie los podrá acusar de haber fracasado educando a sus hijos. No lo han intentado siquiera. Los maestros hacen algo más que huelga o vacaciones, y la educación es bastante más que un problema. Pido perdón tres veces: por colocar en un título tres palabras tan cursis y pasadas de moda, por haberlo hecho para hablar de los maestros, y, sobre todo sobre todo, porque mi idea es -lo siento mucho- hablar bien de ellos. Sé que mi doble condición de padre y periodista me invita a criticarlos por hacer demasiadas vacaciones (como padre) y me sugiere que hable de temas importantes, como la ley de educación (es lo mínimo que se le pide a un periodista esta semana).

          Pero estoy harto de que la palabra más utilizada junto a escuela sea‘fracaso’ y delante de educación acostumbre a aparecer siempre el concepto ‘problema’, y que ‘maestro’ suela compartir titular con ‘huelga’.

          La escuela hace algo más que fracasar, los maestros hacen algo más que hacer huelga (y vacaciones) y la educación es bastante más que un problema. De hecho es la única solución, pero esto nos lo tenemos muy callado, por si acaso. Mi proceso, íntimo y personal, ha sido el siguiente: empecé siendo padre, a partir de mis hijos aprendí a querer el hecho educativo, el trabajo de criarlos, de encarrilarlos, y, mira por donde, ahora aprecio a los maestros, mis cómplices. ¿Cómo no he de querer a una gente que se dedica a educar a mis hijos? Por esto me duele que se hable mal por sistema de mis queridos maestros, que no son todos los que cobran por hacerlo, claro está, sino los que son, los que suman a la profesión las tres palabras del título, los que mientras muchos padres se los imaginan en una playa de Hawái están encerrados en alguna escuela de verano, haciendo formación, buscando herramientas nuevas, métodos más adecuados.

          Os deseo que aprovechéis estos días para rearmaros moralmente. Porque hace falta mucha moral para ser maestro.Moral en el sentido de los valores y moral para afrontar el día a día sin sentir el aprecio y la confianza imprescindibles. Ni los de la sociedad en general, ni los de los padres que os transferimos las criaturas pero no la autoridad. ¿Os imagináis un país que dejara su material más sensible, las criaturas, en sus años más importantes, de los cero a los dieciséis, y con la misión más decisiva, formarlos, en manos de unas personas en quienes no confía? Las leyes pasan, y las pizarras dejan de ensuciarnos los dedos de tiza para convertirse en digitales. Pero la fuerza y la influencia de un buen maestro siempre marcará la diferencia: el que es capaz de colgar la mochila de un desaliento justificado junto a las mochilas de los alumnos y, ya liberado de peso, asume de buen humor que no será recordado por lo que le toca enseñar, sino por lo que aprenderán de él.

          Carles Capdevila / Periodista.

            Oficleido WTF!

            El año pasado estuve veraneando unos días en Zamora. Preciosa ciudad y envidiable el estado de conservación de todos sus edificios y monumentos históricos…
            En el museo de su catedral me encontré con un oficleido dentro de una urna de metacrilato. Pero para mi sorpresa, en el cartel que lo acompaña indica que es un saxofón. Vaya servicio de documentación que se gastan…
            Aunque, dado el corto tiempo de vida que tuvieron estos instrumentos -debido a la complejiadd de su mecanismo y al pobre sonido que resultaba- no es de extrañar que sean unos grandes desconocidos. Sin ir más lejos, en la catedral de Pamplona encontraron uno hace años en un estado bastante lamentable y totalmente negro. Hasta que no lo limpiaron y sacaron el color dorado del metal, pensaban que era algún tipo de clarinete contrabajo o algo parecido. A raíz de aquél descubrimiento, un genial músico navarro y gran amigo mío, Ricardo Oficialdegui, tuvo la ocurrencia de ir a París a estudiar oflicleide durante un tiempo. Y así es como yo conocí este instrumento tan… ¿desafortunado? Lo siento, pero es que no se me ocurre otro claificativo para el pobrecico…

            El oficleido pertenece a la familia de los figles. Está formado por un tubo cónico de unos 2,40 metros de longitud, y tiene entre 9 y 11 llaves. Se inventó a principios del siglo XIX y fue patentado en 1821 por el fabricante francés de instrumentos Jean Hilaire Asté, aunque rápidamente fue sustituido por la tuba y el bombardino, que tienen una mejor calidad sonora y una digitación mucho más sencilla. Aún así, continuó siendo bastante popular en Italia hasta principios del siglo XX y todavía hoy se sigue interpretando a nivel profesional en orquestas que trabajan con instrumentos de época.

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              Modelos lingüísticos educativos en Navarra

              Después de ocho años trabajando como docente en la Comunidad Foral de Navarra, todavía me sigo liando con los distintos modelos lingüísticos que hay en su sistema educativo. Esta mañana, hablando con varios compañeros, ninguno lo teníamos claro del todo, así que me he puesto a curiosear.
              Al respecto de este tema, en la web del Departamento de Educación de Navarra pone lo siguiente:

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              El Decreto Foral 159/1988, de 19 de mayo, por el que se regula la incorporación y uso del vascuence en la enseñanza no universitaria de Navarra, desarrolla la Ley del Vascuence definiendo los modelos lingüísticos A, B, D.

              El modelo lingüístico A proporciona enseñanza en castellano, con el euskera como asignatura, en todos los niveles, etapas y modalidades.

              El modelo lingüístico B presenta enseñanza en euskera, con el castellano como asignatura y como lengua de uso en una o varias materias según la enseñanza, ciclo o etapa.

              El modelo lingüístico D consiste en enseñanza totalmente en euskera, salvo la asignatura de lengua castellana.

              Existe además, según la zona lingüística, un modelo que no incorpora la enseñanza en euskera o del euskera, y que ha dado en denominarse modelo G.

              En el citado Decreto Foral se autorizan para la zona vascófona los modelos A, B y D, siendo obligatoria por tanto la enseñanza de la lengua vasca; para la zona mixta los modelos A, B, D y G y para la zona no vascófona los modelos A y G.

              En cualquier caso, los alumnos que escojan un modelo lingüístico en su incorporación al sistema educativo, deberán continuar en él durante toda su escolaridad. Los posibles cambios requieren la autorización de la Comisión de Bilingüismo, siendo diferente la situación si se desean realizar al finalizar una etapa o dentro de ella.

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              Por lo que, resumiendo, los cuatro modelos vienen a ser:

              • Modelo A – Enseñanza en castellano, con el euskera como asignatura.
              • Modelo B – Enseñanza en euskera, con el castellano como asignatura y como lengua de uso en una o varias materias.
              • Modelo C – Enseñanza totalmente en euskera, salvo la asignatura de lengua castellana.
              • Modelo G – Enseñanza únicamente en castellano.